Transformadas I - Buenos Aires a Pata
El paro de los subtes me obliga a caminar, mucho. Podría tomar un colectivo, pero me fastidia la idea de viajar cuarenta minutos colectivo para desplazarme sólo quince minutos subte, prefiero caminar una hora Eric.
Si tengo que caminar siete cuadras tengo demasiada conciencia del camino completo, de principio a fin, y me impaciento. Cada cuadra se cuenta, y cada paso, y una cuadra antes ya debería estar allá, y tres cuadras antes: ¿cómo recién acá?.
Al caminar treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta cuadras la cantidad de cuadras excede a la capacidad del cerebro de hacer un torniquete del reloj pulsera. ¡Ja ja, tonto cerebro! A las doce cuadras más o menos se pierde conciencia del punto de llegada, y a las veinticuatro se pierde conciencia del punto de partida. ¿Hace cuánto estoy caminando? ¿Cuánto falta? ¿Y eso cuánto es? Cualquier respuesta es un sinsentido. Como si caminar fuera el estado natural de la vida.
Una caminata larga por la ciudad es tan reconfortante espiritualmente como cualquier caminata por el bosque o la montaña. La clave es caminar con rumbo maldefinido, tantas cuadras que pareciera que no estamos apurados, o que vamos a ninguna parte (Está claro que ir a NINGUNA parte implica ir más allá de toda ALGUNA parte).
Dijo Momoto, adepto al trekking, al caminar por el bosque del Abedul a la Zarza ida y vuelta en no más de quince minutos: ¡Cuán agobiante el bosque!. (una HISTORIA PROFUNDA para libro de autoayuda berreta).



6 Comentarios:
En lo que a mi concierne, caminar por la ciudad encarna muchos mas peligros que un paseo a paso moderado por entre las sierras, campo, bosque o cualquier lugar donde no haya automoviles, semáforos, chicos aspirando pegamento, carteles con propaganda, baches, baldosas flojas, manifestaciones, bocinas, etc.
Y claro, si uno camina sin rumbo fijo, queriendo llegar a ninguna parte, lo mas probable es que descubra que ese vagar nunca va mas allá de 'la parte linda de la ciudad', esa donde nuestro espíritu sabe que tenemos menos chances de que nos empomen.
Totalmente de acuerdo. A veces cuando estoy mal me gusta ir a caminar por la ciudad. Siguiendo el consejo del autor de este blog, últimemente estoy probando hacer siempre caminos nuevos aunque vaya al mismo lugar. Elijo callecitas internas para evitar tumultos, bocinazos, etc. Salgo a caminar y a eso de las 15 cuadras entro en ese estado zen de "caminante no hay camino..." y me olvido de todo. ¿Saben qué es lo que más me gusta? Escuchar el ruido de los autos al pasar y el viento entre las hojas de los árboles... de alguna manera se parece al ruido del mar, nada que envidiarle a un CD de música para relajación.
Caminar por la ciudad implica miedos, sí, pero caminar por la sierra no me preocupa menos ("En las sierras, nadie te puede escuchar gritar" -- Campaña turística cordobesa, año 1977).
Quizás tengo miedo de que surja un auto de entre los árboles, o aparezca un chico aspirando pegamento (tanto más terrible si no hay un policía cerca que lo pueda reprimir), o quizás le temo a Jason, que es un asesino serial de corte más bien campestre.
al caminar por el bosque del Abedul a la Zarza ida y vuelta en no más de quince minutos: ¡Cuán agobiante el bosque!. (una HISTORIA PROFUNDA para libro de autoayuda berreta
AJAJTATJAJAJAJAJAJAJAJAJAAAJAJAAAAJAJAJ
MORIIIIIIIII
Sinceramente caminar y derivar la mente son una sola actividad entre los edificios, el ruido, la gente, el peligro, la pobreza.
Caminar sin saber a dónde, caminar y volver, rearmar el recorrido.
Trayectos en un mapa, casi como un texto. Itinerarios que despieran los sentidos o los apagan para oir muy despacito las propias palabras. Muy lindo tu post E.
Caminar es una excelente forma de liberar bronca, como mascar chicle, pegarle a tu hermanito o putear a los locutores de radio 10. Tambien es una forma copada de apreciar el entorno, como el cementerio de recoleta, las embajadas extranjeras, o la feria del tercer mundo de la villa de flores.
La ventana de un vehiculo es como una pantalla: no deja nada a la imaginación y es demasiado rápida como para apreciar los detalles.
Caminando podemos ver las canas de la gente, encontrar billetes en la calle, darnos cuenta de que necesitamos ejercicio o parar en un kiosco para compar un agua de pomelo.
Me sumo a las criticas: muy buen post.
Publicar un comentario en la entrada
<< Home