Postales de Año Nuevo I
Ayer centenares de niños, infantes, colegiales de traje, de los que trabajan en las oficinas del centro, se dieron cita en ventanas y techos para llover los papeles de descarte del año; evento en continuidad con cuando tiraban a la calle las hojas de carpeta de las materias que no se habían llevado, en diciembre.
En los papeles tendidos en la calle se notaba goce en la lucha contra el sistema papirocentrista: festejaban la llegada del modelo paperless, el hijo tonto de los ochentas. Mentira, aman el papel y nadie sabe por qué usan tanto.
Otros gozosos de la situación eran los cartoneros, juntando desde temprano y de rodillas las migajas de la fiesta. Posiblemente algún hacker también, porque entre tanto papel algún dato confidencial debía haber. Estos chicos con el nombre una secretaria, un número de cuenta bancaria y el teléfono del contador hacen maravillas.
Un par de cuadras más adelante, por Uruguay, una empresa preocupada por protegernos de sus secretos lanzó papel triturado en tiritas muy finitas de no más de dos centímetros de largo. Todo el papel era turquesa, y caminar sobre él era como pasear sobre pastos mágicos que nos recordaban lo importante de preservar el medioambiente.
Eric festeja tirando miles de mini-"post it" por los aires. Qué cheto. Pero también: qué irresponsable.


